Esto lo que quería escribir hace tiempo: un pequeño relato de mis vacaciones "mochileadas" por Iquique, Bolivia y Perú.
De Iquique no tengo mucho que decir, no me gustó casi nada...Conocí Humberstone (un peladero con poca vocación de museo) y Pica, donde estuve toda la tarde en una especie de terma de aguas tibias y cabernas. Espectacular.
Llegué un viernes a La Paz y el domingo, a as 5 am, estaba en entrevista con Evo Morales. Él estuvo con nosotros todo el día nos llevó a la ciudad de Sucre y a Tarabuco, en el nuevo avión presidencial, una joyita de varios millones de dólares que reemplaza la antigua nave presidencial, (en la foto) y que ahora usa el vicepresidente, Álvaro García Linera.
En Sucre Evo dio algunos beneficios a personas de la ciudad y sus alrededores, en la Gobernación, un edificio hermoso de la época de la colonia, que por algún motivo que desconozco está llena de murales de la década de los 60 en su interior. Son bonitos, pero no tienen mucho que ver con el edificio.
Mientras nosotros visitamos junto con el teniente coronel que andaba con nosotros al museo "Casa de la Libertad", donde está, entre otras cosas, el acta de la independencia de Bolivia, y la primera Bandera de Argentina. Sucre es una ciudad muy linda.
Luego de la ceremonia partimos en caravana a Tarabuco, donde el Presidente era el padrino del carnaval de la ciudad, por lo que presidía la fiesta. Por eso se puso traje típico, y se puso a bailar por toda la ciudad.
Luego, desfilaron ante él 70 grupos de bailarines, y después nos fuimos todos a un lugar donde estaba una torre de sacrificio de comida. En esa torre, si se fijan bien, hay una vaca partida por la mitad, que después de comen.
La ceremonia se transmite en directo por la televisión estatal boliviana, y ahí Evo nos presentó como "los hermanos chilenos". Luego nos regaló un poncho típico (que es el mismo que en las fotos anda trayendo Álvaro García Linera), y nos sirvieron almuerzo. Tras eso partimos de vuelta al avión en Sucre, y de ahí a La Paz, donde Evo aprovechó de enseñarnos los lugares que se veían en el camino, como Cochabamba o los cerros cercanos a La Paz.
Al llegar, nos despedimos y nos fuimos a dormir. Evo, tras el baile, el ejercicio matutino, y el viaje, se fue a una reunión.
En Tarabuco perdí dólares, bolivianos, una tarjeta de crédito y mi pasaporte, por lo que tuve que ir el lunes a la policia y a inmigración a avisar de las pérdidas. Ahí aproveché de conocer más la ciudad y sus museos.
Como La Paz es muy caótica -y todos los días hubieron fuertes protestas- no es mucho lo que podía hacer en auto, por lo que caminé, además, entrevisté al ministro de Hacienda, Luis Arce, y me hice amigo de su asesor de prensa, quien me regaló un libro de sus poemas. También pude ver a lo menos 5 mapas en el lobby de la oficina del ministro, con mapas de antes de la Guerra del Pacífico.
El martes, fui a la policía trística que queda justo al lado del Estado Hernando Siles, al que entré. Aprovechando que todo es muy desordenado en Bolivia, me di una uelta y vi que estaba abierto asique entré...llegué hasta la cancha del Estadioo, saqué un par de fotos y me fui.
Ahí partí a la Plaza Abaroa, donde se celebra el día del mar y que en la noche de la víspera recibe los restos del mayor héroe boliviano, Eduardo Abaroa, que murió defendiendo Calama de la invación chilena, para presidir el desfile del 23 de marzo. Se quedan ahí toda la noche resguardado por las Fuerzas Armadas.
La plaza es hermosa. Al otro día, Evo lanzó su ya conocido discurso, que contradecía lo que nos había dicho sólo días antes, y que me obligó a trabajar un poco en La Paz. Fue entretenido, aunque las cosas estabán realmente tensas en la capital.
En todo caso, esto me permitió conocer diputados, senadores, ministros, a otros periodistas, al Canciller, la Cancillería, el Senado y el Palacio de Gobierno bolivianos. Incluo fui testigo de una ceremonia de las más rimbombantes que haya visto en mi vida: la de presentación de las cartas credenciales de embajadores al gobierno. Ahí el batallón presidencial (Los Colorados), tocan y cantan himnos y rinden honores. Es bonita la ceremonia, pero demasiado larga.
Después de eso entrevisté al Canciller en su despacho. En la noche fuimos con la gente del Hostal a tomar y después a una "disco" paceña. Ahí bailé con una finlandesa, al ritmo de Américo y al lado de una cholita y su cholito. Fue alucinante.
Al día siguiente partí hacia Cuzco. El viaje fue una mierda, las carreteras son malas, la frontera hay que cruzarla caminando (con todos los bultos a cuesta). Mal, pésima experiencia. Además, por algún motivo, cada 20 minutos los militares bolivianos (puros pelaos que se veían de 12 años) nos paraban para revisar los bolsos. una y otra vez un cholito subía al bus, caminaba, saltaba y nos dejaba partir....

En todo caso, aquí descubrí que tengo vocación de auquénido: subí y bajé del cerro Calvario, desde donde se ve todo Copacabana, en 1 hora 20. Todo un récord, según me dijeron.
Tras viaje de mierda, llegué a Cuzco, donde todos, pero todos, trataban de estafarte. Horrible. Cuando vi que incluso en las iglesias cobraban por entrar, preferí irme directo a Machu Pichu y no perder tiempo en esa ciudad. Y así lo hice, partí para Aguas Calientes.
El trayecto es latero, pero Machu Pichu pueblo es hermoso, desde su parroquia, sus plazas, el río que lo cruza, todo es lindo y con mucha vida.
Como me enfermé en el viaje, preferí dormir hasta tarde, antes de subir a Machu Pichu, así me perdí entrar a Huaina Pichu, el cerro que queda al frente. Pero bueno.
Machu Pichu, en todo caso, es por lejos, lo que más vale la pena. Hay que ir, al menos una vez en la vida.
Es carísimo, está lleno de gente, cuando fui llovia, pero valió mucho la pena. Es increíble, majestuoso, imponente, bello. Corre ahí una extraña paz que contagia, una inmensidad que te hace sentir solo, pero a la vez cubierto a cada momento. Fui con mi iPod y puse a los Jaivas...pero no hacen nada. Al contrario, puse Englishman in New York en versión de Symphonicities de Sting, y ahí pasó de todo. Impresionante.
Después partí a Cuzco para tomar el vuelo a Lima. En el avión (en que hicieron una colecta para las madres pobres de no sé qué parte de Perú). Llegué enfermo, y ahí me dieron penicilina para controlar la enfermedad.

Lima es bonito, desordenado, con grandes tacos pero bonito. En todo caso, me quedé en una de las partes más top de la capital, en Miraflores, a 40 minutos del centro. Ahí no conocí a nadie, pero a nadie, y me dediqué a juntarme con mis amigos que andaban por allá. Me sorprendió, en todo caso, la mucho prostitución que hay en la ciudad, pero también la enorme cantidad de policias del gobierno, la ciudad y las empresas que hay. También llama la atención la cantidad de casinos que hay.
En todo caso, en Lima, a diferencia de en La Paz, la gente tiene ganas de hacer cosas, se ve a la gente con ganas, conversando entre ellos, muy lejos del inmobilismo de Bolivia. En Bolivia, que es mucho más pobre, se ve a la gente superada por sus circunstancias, no hay gente haciendo cosas, sino que todo es presa de un inmobilismo. Todos tienen algo malo para contar, pocos quieren a Evo y la situación siempre es peor que antes. En Perú, al contrario, todos querían que algo pasara, reclaman, pero su reclamo es más "argentino", reclaman porque no se hacen las cosas bien, pero reconocen que se hacen cosas.
Me faltaron días en Lima. Sobraron tacos, pero hice cosas entretenidas, en una comida conocí a los asesores de Alejando Toledo, e incluso hablé con él, y lo mufé. Jaja, mi primera pregunta fue ¿cómo lo llamo? ¿Alejadro? ¿Doctor? ¿ex presidente?, y él me contestó que en Perú los Presidentes, siempre son Presidentes.... También conocí a Keiko en otra comida, y entrevisté al presidente de su banco central, Julio Velarde, quien se había quebrado una pierna hace poco. Una persona muy simpática, increíblemente sencillo aunque, en extremo técnico, tanto , que se hacía difícil aterrizarlo, sacarlo de la micro y llevárselo a la macro, pero algo se pudo hacer.
Desde Lima mandé 10 kilos de mis cosas a Chile por los correos peruanos (las que, a 20 días de mi regreso a Chile aún no llegan).
De vuelta al aeropuerto de Lima compré una pizza con pesos chilenos, pesos peruanos, bolivianos y dólares... aproveché de matar todo el sencillo que tenía, y en el Papa John's del aeropuerto aceptaban todo tipo de efectivo.
De ahí me fui a Cuzco, y altiro a Copacabana, donde tomé el tour para ir a la Isla del Sol. Un viaje que vale la pena sólo por navegar en el lago. La Isla (que como todo en Perú y en Bolivia, te cobra entrada o impuestos de dudosa procedencia) es bonita, pero hasta las artesanías son made in china... Ahé me comí un sandwich y me tomé una Fanta con sabor a Mirinda, conocí a un Colombiano y a dos francesas, y navegué... de a poco me doy cuenta que mi vejez será arriba de un barco...
De ahí tomé el camino a La Paz, donde me cobraron US$ 25 de impuesto para subirme al avión.
En la sala de embarque conocí a una guapísima peluquera de Cochabamba que llevaba 6 horas esperando a su "enamorado", como ella le decía a un militar venezolano 20 años mayor que ella y con quien pololeaba. Sus planes eran casarse y ella, con tal de darle una sorpresa, se había ido en avión a buscarlo, a pesar de que le tenía fobia a los vuelos.
Una vez en Iquique me quedé en el mismo hostal en que me había quedado la primera vez. De nuevo no me gustó nada la ciudad, pero me dediqué a recorrerla, nadé en el mar -como no hacía hace por lo menos 20 años- me comí un completo gigante en la calle, y fui al cine.
Luego tomé el avión y llegué a Santiago. Cansado, pero feliz.
Si alguien comenta (cosa que dudo), sea leve.
xD
De Iquique no tengo mucho que decir, no me gustó casi nada...Conocí Humberstone (un peladero con poca vocación de museo) y Pica, donde estuve toda la tarde en una especie de terma de aguas tibias y cabernas. Espectacular.
En Sucre Evo dio algunos beneficios a personas de la ciudad y sus alrededores, en la Gobernación, un edificio hermoso de la época de la colonia, que por algún motivo que desconozco está llena de murales de la década de los 60 en su interior. Son bonitos, pero no tienen mucho que ver con el edificio.
Mientras nosotros visitamos junto con el teniente coronel que andaba con nosotros al museo "Casa de la Libertad", donde está, entre otras cosas, el acta de la independencia de Bolivia, y la primera Bandera de Argentina. Sucre es una ciudad muy linda.
Luego de la ceremonia partimos en caravana a Tarabuco, donde el Presidente era el padrino del carnaval de la ciudad, por lo que presidía la fiesta. Por eso se puso traje típico, y se puso a bailar por toda la ciudad.
Luego, desfilaron ante él 70 grupos de bailarines, y después nos fuimos todos a un lugar donde estaba una torre de sacrificio de comida. En esa torre, si se fijan bien, hay una vaca partida por la mitad, que después de comen.
Al llegar, nos despedimos y nos fuimos a dormir. Evo, tras el baile, el ejercicio matutino, y el viaje, se fue a una reunión.
En Tarabuco perdí dólares, bolivianos, una tarjeta de crédito y mi pasaporte, por lo que tuve que ir el lunes a la policia y a inmigración a avisar de las pérdidas. Ahí aproveché de conocer más la ciudad y sus museos.
Como La Paz es muy caótica -y todos los días hubieron fuertes protestas- no es mucho lo que podía hacer en auto, por lo que caminé, además, entrevisté al ministro de Hacienda, Luis Arce, y me hice amigo de su asesor de prensa, quien me regaló un libro de sus poemas. También pude ver a lo menos 5 mapas en el lobby de la oficina del ministro, con mapas de antes de la Guerra del Pacífico.
El martes, fui a la policía trística que queda justo al lado del Estado Hernando Siles, al que entré. Aprovechando que todo es muy desordenado en Bolivia, me di una uelta y vi que estaba abierto asique entré...llegué hasta la cancha del Estadioo, saqué un par de fotos y me fui.
Ahí partí a la Plaza Abaroa, donde se celebra el día del mar y que en la noche de la víspera recibe los restos del mayor héroe boliviano, Eduardo Abaroa, que murió defendiendo Calama de la invación chilena, para presidir el desfile del 23 de marzo. Se quedan ahí toda la noche resguardado por las Fuerzas Armadas.
En todo caso, esto me permitió conocer diputados, senadores, ministros, a otros periodistas, al Canciller, la Cancillería, el Senado y el Palacio de Gobierno bolivianos. Incluo fui testigo de una ceremonia de las más rimbombantes que haya visto en mi vida: la de presentación de las cartas credenciales de embajadores al gobierno. Ahí el batallón presidencial (Los Colorados), tocan y cantan himnos y rinden honores. Es bonita la ceremonia, pero demasiado larga.
Después de eso entrevisté al Canciller en su despacho. En la noche fuimos con la gente del Hostal a tomar y después a una "disco" paceña. Ahí bailé con una finlandesa, al ritmo de Américo y al lado de una cholita y su cholito. Fue alucinante.
Al día siguiente partí hacia Cuzco. El viaje fue una mierda, las carreteras son malas, la frontera hay que cruzarla caminando (con todos los bultos a cuesta). Mal, pésima experiencia. Además, por algún motivo, cada 20 minutos los militares bolivianos (puros pelaos que se veían de 12 años) nos paraban para revisar los bolsos. una y otra vez un cholito subía al bus, caminaba, saltaba y nos dejaba partir....
En todo caso, aquí descubrí que tengo vocación de auquénido: subí y bajé del cerro Calvario, desde donde se ve todo Copacabana, en 1 hora 20. Todo un récord, según me dijeron.
Tras viaje de mierda, llegué a Cuzco, donde todos, pero todos, trataban de estafarte. Horrible. Cuando vi que incluso en las iglesias cobraban por entrar, preferí irme directo a Machu Pichu y no perder tiempo en esa ciudad. Y así lo hice, partí para Aguas Calientes.
El trayecto es latero, pero Machu Pichu pueblo es hermoso, desde su parroquia, sus plazas, el río que lo cruza, todo es lindo y con mucha vida.
Como me enfermé en el viaje, preferí dormir hasta tarde, antes de subir a Machu Pichu, así me perdí entrar a Huaina Pichu, el cerro que queda al frente. Pero bueno.
Es carísimo, está lleno de gente, cuando fui llovia, pero valió mucho la pena. Es increíble, majestuoso, imponente, bello. Corre ahí una extraña paz que contagia, una inmensidad que te hace sentir solo, pero a la vez cubierto a cada momento. Fui con mi iPod y puse a los Jaivas...pero no hacen nada. Al contrario, puse Englishman in New York en versión de Symphonicities de Sting, y ahí pasó de todo. Impresionante.
Después partí a Cuzco para tomar el vuelo a Lima. En el avión (en que hicieron una colecta para las madres pobres de no sé qué parte de Perú). Llegué enfermo, y ahí me dieron penicilina para controlar la enfermedad.
Lima es bonito, desordenado, con grandes tacos pero bonito. En todo caso, me quedé en una de las partes más top de la capital, en Miraflores, a 40 minutos del centro. Ahí no conocí a nadie, pero a nadie, y me dediqué a juntarme con mis amigos que andaban por allá. Me sorprendió, en todo caso, la mucho prostitución que hay en la ciudad, pero también la enorme cantidad de policias del gobierno, la ciudad y las empresas que hay. También llama la atención la cantidad de casinos que hay.
En todo caso, en Lima, a diferencia de en La Paz, la gente tiene ganas de hacer cosas, se ve a la gente con ganas, conversando entre ellos, muy lejos del inmobilismo de Bolivia. En Bolivia, que es mucho más pobre, se ve a la gente superada por sus circunstancias, no hay gente haciendo cosas, sino que todo es presa de un inmobilismo. Todos tienen algo malo para contar, pocos quieren a Evo y la situación siempre es peor que antes. En Perú, al contrario, todos querían que algo pasara, reclaman, pero su reclamo es más "argentino", reclaman porque no se hacen las cosas bien, pero reconocen que se hacen cosas.
Me faltaron días en Lima. Sobraron tacos, pero hice cosas entretenidas, en una comida conocí a los asesores de Alejando Toledo, e incluso hablé con él, y lo mufé. Jaja, mi primera pregunta fue ¿cómo lo llamo? ¿Alejadro? ¿Doctor? ¿ex presidente?, y él me contestó que en Perú los Presidentes, siempre son Presidentes.... También conocí a Keiko en otra comida, y entrevisté al presidente de su banco central, Julio Velarde, quien se había quebrado una pierna hace poco. Una persona muy simpática, increíblemente sencillo aunque, en extremo técnico, tanto , que se hacía difícil aterrizarlo, sacarlo de la micro y llevárselo a la macro, pero algo se pudo hacer.
Desde Lima mandé 10 kilos de mis cosas a Chile por los correos peruanos (las que, a 20 días de mi regreso a Chile aún no llegan).
De vuelta al aeropuerto de Lima compré una pizza con pesos chilenos, pesos peruanos, bolivianos y dólares... aproveché de matar todo el sencillo que tenía, y en el Papa John's del aeropuerto aceptaban todo tipo de efectivo.
De ahí tomé el camino a La Paz, donde me cobraron US$ 25 de impuesto para subirme al avión.
En la sala de embarque conocí a una guapísima peluquera de Cochabamba que llevaba 6 horas esperando a su "enamorado", como ella le decía a un militar venezolano 20 años mayor que ella y con quien pololeaba. Sus planes eran casarse y ella, con tal de darle una sorpresa, se había ido en avión a buscarlo, a pesar de que le tenía fobia a los vuelos.
Una vez en Iquique me quedé en el mismo hostal en que me había quedado la primera vez. De nuevo no me gustó nada la ciudad, pero me dediqué a recorrerla, nadé en el mar -como no hacía hace por lo menos 20 años- me comí un completo gigante en la calle, y fui al cine.
Luego tomé el avión y llegué a Santiago. Cansado, pero feliz.
Si alguien comenta (cosa que dudo), sea leve.
xD
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