geads coches Mario's Blog: Democracia como "producto"

Democracia como "producto"

Tengo que trabajar un tema cualquiera para mi ramo de filosofía política. Para eso debía preparar un tema sobre el cual trabajar, y presentarlo al profesor, lo que hice el sábado.
Ahora, hay que ponerse a trabajar, por eso, si pasa por acá, dígame que le parece y ayúdeme a pensar el tema.

Gracias!



José Saramago: "A democracia em que vivemos é uma democracia sequestrada, condicionada, amputada...".

La promesa incumplida de la democracia como reafirmación de sí misma

Si entendemos la democracia como lo hace J. Derrida, ésta es una promesa. Lo es porque nunca está presente, siempre está por llegar. Esta característica de la actual democracia, comprendida desde lo liberal, fue aceptada por una urgencia. ¿Qué urgencia? Es lo que le explica Derrida a J.L. Nancy, cuando le dice que hemos venido mimando largo tiempo a la democracia, por el régimen de urgencia en el que nos encontrábamos: totalitarismo.

Hoy, cuando la democracia ya está asentada, hay que conminarla que cumpla su promesa..

Pero la democracia siempre está por venir y nunca llega en realidad, algo que N. Bobbio, explica, hacen que en ésta se constituya una dimensión de promesa así como de permanente fascinación.

Desde el marketing, esta permanente fascinación de la que habla Bobbio es la manera de revalidar la utilidad de un producto, pues si el producto cumple con lo que promete: el eliminar la necesidad de manera real y permanente, éste mismo deja de usarse. Es como lo que pasa con los remedios, que sólo se utilizan y se requieren en caso de enfermedad. Si la enfermedad como necesidad se extingue, se extingue con ella la utilidad del producto.

Entonces, cuando Derrida explica que el fantasma de amenaza totalitaria se ha desintegrado, por lo que ya es hora de forzar a la democracia a que cumpla su promesa. Por eso, dice Derrida a Nancy, ya es hora también de pensar la democracia críticamente, pensar otra noción de lo político, otra forma de politicidad y, por lo tanto, otra forma de democracia

Este giro, este no conformarse con lo actual para buscar algo que sí cumpla, o cumpla mejor con la promesa, también es visto desde el punto de vista del marketing.

Cuando hablamos que todo producto tiende, tarde o temprano, a llegar a una etapa de saturación, marcada por la inconformidad del cliente o costumbre al estímulo es donde, también existe el suficiente tiempo para que la competencia examine el mercado y, por lo tanto, se multipliquen las propuestas de sustitutos a él.

En ese sentido, el pensar críticamente a la democracia para alcanzar otra democracia, diferente a la actual, donde el uso y comprensión de la democracia desde lo liberal es el dominante, no es más que la etapa de saturación del producto, donde éste debe hacer uso del marketing para nuevamente validarse.

Es que la promesa es, al fin, una manera de la misma democracia entendida desde lo liberal de validarse, y asimismo, exigir el seguir siendo consumida. Hoy, la democracia debe prepararse para competir con la nueva oferta de sustitutos —no necesariamente mejores que ella pero sí nuevos, y por lo tanto atractivos—, mostrándose como el mejor camino para satisfacer una necesidad que, en todo caso, no será satisfecha.

¿Por qué no será satisfecha? Porque aunque la democracia, o la democracia otra se imponga como hegemónica, no podrá tampoco cumplir su promesa emancipatoria pues, en el momento que la cumpla dejará de ser útil, ya que la necesidad se extinguiría y no se sostendría.

O sea, y tal como se explica desde el marketing, a necesidad satisfecha, producto eliminado.

1 comentarios:

comopiojo dijo...

Me queda la duda con la afirmación de Ranciere y que el fantasma del totalitarismo se esfumó.
En sociedad de control, los dispositivos del totalitarismo pasan a formar parte de la democracia liberal moderna. En ese sentido, la dicotomía entre totalitarismo/democracia creo que es la que se difumina. Eso se puede ver en mecanismos como el estado de excepción, donde las paredes del derecho se amplían y la figura del homo sacer (que está adentro y a la vez fuera de la normativa) es central y es parte del entramado normativo. (Esto se Agamben, pero también es Foucault)
Vale decir, probablemente el trauma de vivir al sur ha hecho que sea poco imaginable ver a un militar en un palacio de gobierno firmando decretos, pero no es tan difícil pensar que en períodos de desajuste -de sublevación o de una superación de la marginalidad o de la atomización de la sociedad, al menos por un rato- mecanismos como zonas sitiadas o militarizadas (conflicto mapuche) o un golpe de Estado que derroque presidentes y disuelva congresos (Honduras) ocurran en la democracia liberal moderna.
De hecho, no hace falta fijarse dentro de la disposición amigo/enemigo como para echar manos de dispositivos propios del totalitarismo.
Eso, lo escribí porque es más menos el área de mi interés. Fome igual jaja. Además no es mi intención desacreditar a Ranciere que tiene un libro tan bacán como 'el desacuerdo'.

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