
El servicio secreto sabe que nada podrá hacer para evitarlo. Es que por medio del sitio ultraconservador Townhall, Chuck Norris debutó como columnista. Y lo hizo a su modo.
El hombre que puede decir que se comió una tarta entera antes de que sus amigos pudieran decirle que había una stripper dentro, que en un acto de humanidad hizo una donación al instituto de medicina americano de 6000 cadáveres, que pateó a un caballo en la barbilla, del que hoy sus descendientes se conocen como jirafas, y que no juega a ser Dios, porque es un juego de niños, cree que el Presidente de EE.UU. es un Stalin, y critica con todo la famosa reforma al Medicare en la que Obama se ha jugado buena parte de su capital político.
En su espacio, el hombre que cuando llora sus lágrimas curan el cáncer, entrega su punto de vista sobre la actualidad en EE.UU., con frases que ya se están guardando para crear la constitución del imperio Norrisiano.
Lo mejor de todo es el nombre que sólo puede morir si se suicida -porque sólo Chuck Norris puede acabar con Chuck Norris- se ha dedicado a denunciar los "sucios secretos" (I) y (II) de la iniciativa de Obama.
Esperemos que el Partido Demócrata y el Presidente Obama tomen en cuenta los pronunciamientos del hombre que no miente nunca -pues es la realidad la que se tiene que adaptar a él-. O tendrán que atenerse a las consecuencia. Y el servicio secreto sabe que nada podrá hacer para evitarlo...

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