geads coches Mario's Blog

Pamploneadas

A pedido del público, algo de lo que me ha pasado en la semana que llevo en Pamplona.
Ostia, que la ciudad es bonita. Tal como dije antes de venir, me quedé en la Pensión Olga, que resultó ser bastante más aceptable de lo que podría haber sido por el precio que me cobró (era la más barata de Lonely Planet).
Resulta que, además de ser la más barata, era la más cercana a la universidad: queda a 10 minutos caminando.


Como todo lo que hay acá en Pamplona, la pensión queda en un edificio (el que se ve al centro) a metros de una rotonda, y muy cerca de una calle que se llama Sancho.
Aún no entiendo la fijación con el tal Sancho pero acá de cada diez calles (o Kaleas, en euskera), cuatro se llaman Sancho, que puede ser "El Fuerte", "El Menor", "El Mayor"...etc.... el tema es que Sancho la lleva.
Abajo, era que no, está lleno de bares y restaurantes que siempre tienen movimiento, principalmente por sus "grandes" promociones, de pinxo y caña por 3,5 euros. O sea, una chela y un canapé por $2.500.
Yo aún no entiendo la gran promoción, pero a los españoles les parece muy bien. Y parten a las 10 de la mañana por su caña de cerveza... y no paran hasta las 11 de la noche. Todo debe ser por la crisis....

Hasta este sábado, para irme a la universidad cruzo esa rotonda (que es la esquina de Pio XII y Avenida Navarra) y tomo el camino peatonal a la universidad. En la práctica, es bajar una "loma" que está detrás de un centro de investigación médico de la universidad.
Este es más o menos el paisaje bajando por ese camino.¿Bonito, ah?
Ahora, si me da lata caminar 15 minutos por este prado, o si me da miedo que alguna de las bicicletas que bajan por ahí me atropelle (lo que es muuuuy difícil porque está todo muy señalizado) puedo tomar, justo fuera de la pensión una villabesa, como llaman acá al transantiago, que me deja a cinco minutos de mi facultad, pero en medio del campus. Justo acá.



El camino desde ahí es increíble, y pasa por la mitad del campus.
Al lado derecho está el polideportivo, el casino común, arquitectura y el río, al lado izquierdo está el colegio mayor (dormitorios) y el resto de las facultades, además de Pamplona.
Aquí, el edificio que se ve es el Principal, donde está el rectorado, el aula magna y las oficinas generales.


No sé cuántos años tiene, pero seguro que muchos. Además, tiene un museo en el que algunas salas son, literalmente, vagones de tren. No sé por qué.
Lo que sí me tiene preocupado es que, al parecer, estos árboles son todos plátanos orientales... Pero bue...nada podía ser tan bueno.
En fin, tras este edificio, viene el de la biblioteca, donde está el antiguo (que ahora son aulas, despachos y fondo), y el nuevo, que tiene como 4 millones de ejemplares únicos y donde yo, en el piso 1 (que equivale al segundo piso chileno), tengo mi "despacho", que no es más que un cubículo de investigador, con cajones, luces y número.



El edificio tiene 8 pisos más un subterráneo, mientras que el antiguo tiene tres, aprovechando los desniveles del terreno.
En la foto se ven los dos edificios, el de la derecha es el edificio antiguo, que es además donde yo tengo clases por estos días.
Acá además está el departamento de Empresa Informativa, que es al que me integré y al que me presentan mañana en una reunión que hacen los viernes.
También, todos los días, a las 11 de la mañana se toman un café conversado, al que podemos ir todos. Sin embargo, yo tengo clases todos los días a esa hora, por lo que el café me lo tomo, pero en clases y sin mucha conversación.
Acá además están los despachos de los profesores y acá también conocí a un candidato presidencial ecuatoriano (cuyo nombre ya olvidé) que pasó ayer a dar una charla. Mi gran aporte en la conversación, eso sí, fue decirle donde quedaba el baño. Pobre, estaba que se hacía....

Justo al frente, está el otro edificio de mi doctorado, el de la Facultad de Comunicaciones. Es un edificio relativamente nuevo, blanco, muy lindo, con muchos detalles, interiores y exteriores.



Desde las ventanas internas se ven las perspectivas como enmarcada, y todas las salas tienen luz natural, porque están separadas una de la otra, no son pareadas.



El domingo me cambio de casa. Ya no viviré en la Pensión de Olga, sino que en mi propio departamento. Es bastante caro, pero es "económico" dentro de lo que se ofrece en Pamplona. "Dicen que es calidad de vida, yo digo que son todos unos ladrones" me dijo un español, para explicar por qué diablos todo es tan, pero tan caro.
En fin, el piso queda a 20 minutos de mi escritorio, en la zona de Azpilagaña, un barrio viejo, de clase media. El departamento igual es grande, y me permite alojar a quien quiera venir.
Lo mejor que tiene eso sí, son sus dos terrazas, una hacia el norte y otra al este.
Así se ve desde ahí.




Ahora, ¿cómo es Pamplona? Eso queda para después.
:)

Sudamerican Beauty


Esto lo que quería escribir hace tiempo: un pequeño relato de mis vacaciones "mochileadas" por Iquique, Bolivia y Perú.

De Iquique no tengo mucho que decir, no me gustó casi nada...Conocí Humberstone (un peladero con poca vocación de museo) y Pica, donde estuve toda la tarde en una especie de terma de aguas tibias y cabernas. Espectacular.

Llegué un viernes a La Paz y el domingo, a as 5 am, estaba en entrevista con Evo Morales. Él estuvo con nosotros todo el día nos llevó a la ciudad de Sucre y a Tarabuco, en el nuevo avión presidencial, una joyita de varios millones de dólares que reemplaza la antigua nave presidencial, (en la foto) y que ahora usa el vicepresidente, Álvaro García Linera.

En Sucre Evo dio algunos beneficios a personas de la ciudad y sus alrededores, en la Gobernación, un edificio hermoso de la época de la colonia, que por algún motivo que desconozco está llena de murales de la década de los 60 en su interior. Son bonitos, pero no tienen mucho que ver con el edificio.

Mientras nosotros visitamos junto con el teniente coronel que andaba con nosotros al museo "Casa de la Libertad", donde está, entre otras cosas, el acta de la independencia de Bolivia, y la primera Bandera de Argentina. Sucre es una ciudad muy linda.
Luego de la ceremonia partimos en caravana a Tarabuco, donde el Presidente era el padrino del carnaval de la ciudad, por lo que presidía la fiesta. Por eso se puso traje típico, y se puso a bailar por toda la ciudad.

Luego, desfilaron ante él 70 grupos de bailarines, y después nos fuimos todos a un lugar donde estaba una torre de sacrificio de comida. En esa torre, si se fijan bien, hay una vaca partida por la mitad, que después de comen.

La ceremonia se transmite en directo por la televisión estatal boliviana, y ahí Evo nos presentó como "los hermanos chilenos". Luego nos regaló un poncho típico (que es el mismo que en las fotos anda trayendo Álvaro García Linera), y nos sirvieron almuerzo. Tras eso partimos de vuelta al avión en Sucre, y de ahí a La Paz, donde Evo aprovechó de enseñarnos los lugares que se veían en el camino, como Cochabamba o los cerros cercanos a La Paz.

Al llegar, nos despedimos y nos fuimos a dormir. Evo, tras el baile, el ejercicio matutino, y el viaje, se fue a una reunión.
En Tarabuco perdí dólares, bolivianos, una tarjeta de crédito y mi pasaporte, por lo que tuve que ir el lunes a la policia y a inmigración a avisar de las pérdidas. Ahí aproveché de conocer más la ciudad y sus museos.

Como La Paz es muy caótica -y todos los días hubieron fuertes protestas- no es mucho lo que podía hacer en auto, por lo que caminé, además, entrevisté al ministro de Hacienda, Luis Arce, y me hice amigo de su asesor de prensa, quien me regaló un libro de sus poemas. También pude ver a lo menos 5 mapas en el lobby de la oficina del ministro, con mapas de antes de la Guerra del Pacífico.

El martes, fui a la policía trística que queda justo al lado del Estado Hernando Siles, al que entré. Aprovechando que todo es muy desordenado en Bolivia, me di una uelta y vi que estaba abierto asique entré...llegué hasta la cancha del Estadioo, saqué un par de fotos y me fui.

Ahí partí a la Plaza Abaroa, donde se celebra el día del mar y que en la noche de la víspera recibe los restos del mayor héroe boliviano, Eduardo Abaroa, que murió defendiendo Calama de la invación chilena, para presidir el desfile del 23 de marzo. Se quedan ahí toda la noche resguardado por las Fuerzas Armadas.

La plaza es hermosa. Al otro día, Evo lanzó su ya conocido discurso, que contradecía lo que nos había dicho sólo días antes, y que me obligó a trabajar un poco en La Paz. Fue entretenido, aunque las cosas estabán realmente tensas en la capital.

En todo caso, esto me permitió conocer diputados, senadores, ministros, a otros periodistas, al Canciller, la Cancillería, el Senado y el Palacio de Gobierno bolivianos. Incluo fui testigo de una ceremonia de las más rimbombantes que haya visto en mi vida: la de presentación de las cartas credenciales de embajadores al gobierno. Ahí el batallón presidencial (Los Colorados), tocan y cantan himnos y rinden honores. Es bonita la ceremonia, pero demasiado larga.

Después de eso entrevisté al Canciller en su despacho. En la noche fuimos con la gente del Hostal a tomar y después a una "disco" paceña. Ahí bailé con una finlandesa, al ritmo de Américo y al lado de una cholita y su cholito. Fue alucinante.

Al día siguiente partí hacia Cuzco. El viaje fue una mierda, las carreteras son malas, la frontera hay que cruzarla caminando (con todos los bultos a cuesta). Mal, pésima experiencia. Además, por algún motivo, cada 20 minutos los militares bolivianos (puros pelaos que se veían de 12 años) nos paraban para revisar los bolsos. una y otra vez un cholito subía al bus, caminaba, saltaba y nos dejaba partir....

En todo caso, aquí descubrí que tengo vocación de auquénido: subí y bajé del cerro Calvario, desde donde se ve todo Copacabana, en 1 hora 20. Todo un récord, según me dijeron.

Tras viaje de mierda, llegué a Cuzco, donde todos, pero todos, trataban de estafarte. Horrible. Cuando vi que incluso en las iglesias cobraban por entrar, preferí irme directo a Machu Pichu y no perder tiempo en esa ciudad. Y así lo hice, partí para Aguas Calientes.

El trayecto es latero, pero Machu Pichu pueblo es hermoso, desde su parroquia, sus plazas, el río que lo cruza, todo es lindo y con mucha vida.
Como me enfermé en el viaje, preferí dormir hasta tarde, antes de subir a Machu Pichu, así me perdí entrar a Huaina Pichu, el cerro que queda al frente. Pero bueno.

Machu Pichu, en todo caso, es por lejos, lo que más vale la pena. Hay que ir, al menos una vez en la vida.

Es carísimo, está lleno de gente, cuando fui llovia, pero valió mucho la pena. Es increíble, majestuoso, imponente, bello. Corre ahí una extraña paz que contagia, una inmensidad que te hace sentir solo, pero a la vez cubierto a cada momento. Fui con mi iPod y puse a los Jaivas...pero no hacen nada. Al contrario, puse Englishman in New York en versión de Symphonicities de Sting, y ahí pasó de todo. Impresionante.

Después partí a Cuzco para tomar el vuelo a Lima. En el avión (en que hicieron una colecta para las madres pobres de no sé qué parte de Perú). Llegué enfermo, y ahí me dieron penicilina para controlar la enfermedad.

Lima es bonito, desordenado, con grandes tacos pero bonito. En todo caso, me quedé en una de las partes más top de la capital, en Miraflores, a 40 minutos del centro. Ahí no conocí a nadie, pero a nadie, y me dediqué a juntarme con mis amigos que andaban por allá. Me sorprendió, en todo caso, la mucho prostitución que hay en la ciudad, pero también la enorme cantidad de policias del gobierno, la ciudad y las empresas que hay. También llama la atención la cantidad de casinos que hay.

En todo caso, en Lima, a diferencia de en La Paz, la gente tiene ganas de hacer cosas, se ve a la gente con ganas, conversando entre ellos, muy lejos del inmobilismo de Bolivia. En Bolivia, que es mucho más pobre, se ve a la gente superada por sus circunstancias, no hay gente haciendo cosas, sino que todo es presa de un inmobilismo. Todos tienen algo malo para contar, pocos quieren a Evo y la situación siempre es peor que antes. En Perú, al contrario, todos querían que algo pasara, reclaman, pero su reclamo es más "argentino", reclaman porque no se hacen las cosas bien, pero reconocen que se hacen cosas.

Me faltaron días en Lima. Sobraron tacos, pero hice cosas entretenidas, en una comida conocí a los asesores de Alejando Toledo, e incluso hablé con él, y lo mufé. Jaja, mi primera pregunta fue ¿cómo lo llamo? ¿Alejadro? ¿Doctor? ¿ex presidente?, y él me contestó que en Perú los Presidentes, siempre son Presidentes.... También conocí a Keiko en otra comida, y entrevisté al presidente de su banco central, Julio Velarde, quien se había quebrado una pierna hace poco. Una persona muy simpática, increíblemente sencillo aunque, en extremo técnico, tanto , que se hacía difícil aterrizarlo, sacarlo de la micro y llevárselo a la macro, pero algo se pudo hacer.

Desde Lima mandé 10 kilos de mis cosas a Chile por los correos peruanos (las que, a 20 días de mi regreso a Chile aún no llegan).

De vuelta al aeropuerto de Lima compré una pizza con pesos chilenos, pesos peruanos, bolivianos y dólares... aproveché de matar todo el sencillo que tenía, y en el Papa John's del aeropuerto aceptaban todo tipo de efectivo.

De ahí me fui a Cuzco, y altiro a Copacabana, donde tomé el tour para ir a la Isla del Sol. Un viaje que vale la pena sólo por navegar en el lago. La Isla (que como todo en Perú y en Bolivia, te cobra entrada o impuestos de dudosa procedencia) es bonita, pero hasta las artesanías son made in china... Ahé me comí un sandwich y me tomé una Fanta con sabor a Mirinda, conocí a un Colombiano y a dos francesas, y navegué... de a poco me doy cuenta que mi vejez será arriba de un barco...

De ahí tomé el camino a La Paz, donde me cobraron US$ 25 de impuesto para subirme al avión.
En la sala de embarque conocí a una guapísima peluquera de Cochabamba que llevaba 6 horas esperando a su "enamorado", como ella le decía a un militar venezolano 20 años mayor que ella y con quien pololeaba. Sus planes eran casarse y ella, con tal de darle una sorpresa, se había ido en avión a buscarlo, a pesar de que le tenía fobia a los vuelos.

Una vez en Iquique me quedé en el mismo hostal en que me había quedado la primera vez. De nuevo no me gustó nada la ciudad, pero me dediqué a recorrerla, nadé en el mar -como no hacía hace por lo menos 20 años- me comí un completo gigante en la calle, y fui al cine.

Luego tomé el avión y llegué a Santiago. Cansado, pero feliz.

Si alguien comenta (cosa que dudo), sea leve.
xD

Democracia como "producto"

Tengo que trabajar un tema cualquiera para mi ramo de filosofía política. Para eso debía preparar un tema sobre el cual trabajar, y presentarlo al profesor, lo que hice el sábado.
Ahora, hay que ponerse a trabajar, por eso, si pasa por acá, dígame que le parece y ayúdeme a pensar el tema.

Gracias!



José Saramago: "A democracia em que vivemos é uma democracia sequestrada, condicionada, amputada...".

La promesa incumplida de la democracia como reafirmación de sí misma

Si entendemos la democracia como lo hace J. Derrida, ésta es una promesa. Lo es porque nunca está presente, siempre está por llegar. Esta característica de la actual democracia, comprendida desde lo liberal, fue aceptada por una urgencia. ¿Qué urgencia? Es lo que le explica Derrida a J.L. Nancy, cuando le dice que hemos venido mimando largo tiempo a la democracia, por el régimen de urgencia en el que nos encontrábamos: totalitarismo.

Hoy, cuando la democracia ya está asentada, hay que conminarla que cumpla su promesa..

Pero la democracia siempre está por venir y nunca llega en realidad, algo que N. Bobbio, explica, hacen que en ésta se constituya una dimensión de promesa así como de permanente fascinación.

Desde el marketing, esta permanente fascinación de la que habla Bobbio es la manera de revalidar la utilidad de un producto, pues si el producto cumple con lo que promete: el eliminar la necesidad de manera real y permanente, éste mismo deja de usarse. Es como lo que pasa con los remedios, que sólo se utilizan y se requieren en caso de enfermedad. Si la enfermedad como necesidad se extingue, se extingue con ella la utilidad del producto.

Entonces, cuando Derrida explica que el fantasma de amenaza totalitaria se ha desintegrado, por lo que ya es hora de forzar a la democracia a que cumpla su promesa. Por eso, dice Derrida a Nancy, ya es hora también de pensar la democracia críticamente, pensar otra noción de lo político, otra forma de politicidad y, por lo tanto, otra forma de democracia

Este giro, este no conformarse con lo actual para buscar algo que sí cumpla, o cumpla mejor con la promesa, también es visto desde el punto de vista del marketing.

Cuando hablamos que todo producto tiende, tarde o temprano, a llegar a una etapa de saturación, marcada por la inconformidad del cliente o costumbre al estímulo es donde, también existe el suficiente tiempo para que la competencia examine el mercado y, por lo tanto, se multipliquen las propuestas de sustitutos a él.

En ese sentido, el pensar críticamente a la democracia para alcanzar otra democracia, diferente a la actual, donde el uso y comprensión de la democracia desde lo liberal es el dominante, no es más que la etapa de saturación del producto, donde éste debe hacer uso del marketing para nuevamente validarse.

Es que la promesa es, al fin, una manera de la misma democracia entendida desde lo liberal de validarse, y asimismo, exigir el seguir siendo consumida. Hoy, la democracia debe prepararse para competir con la nueva oferta de sustitutos —no necesariamente mejores que ella pero sí nuevos, y por lo tanto atractivos—, mostrándose como el mejor camino para satisfacer una necesidad que, en todo caso, no será satisfecha.

¿Por qué no será satisfecha? Porque aunque la democracia, o la democracia otra se imponga como hegemónica, no podrá tampoco cumplir su promesa emancipatoria pues, en el momento que la cumpla dejará de ser útil, ya que la necesidad se extinguiría y no se sostendría.

O sea, y tal como se explica desde el marketing, a necesidad satisfecha, producto eliminado.

Inteligencia colaborativa

Como tarea tenía que hacer un ensayo sobre los capítulos V, VI y VII de "Camino de Servidumbre", el best seller de Hayek. Pero, tras muchas vueltas, sigo notándolo débil.

La idea es que, si te interesa el tema, lo leas y me aportes tus opiniones.

Gracias!


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¿Cómo se pueden combinar de mejor manera las miles y millones de escalas valóricas de cada individuo dentro de una sociedad? Eso es lo que parece preguntarse Hayek en "Camino de Servidumbre" y a lo largo de toda su vida intelectual. Y su conclusión siempre es la misma: salvo en unas pocas cosas, no se puede.

Ganador del Premio Nobel por sus aportes a la teoría del ciclo económico (que sirvieron además para explicar la crisis del 29 y que han tenido un revival tras la Gran Recesión del 2008), Hayek expone cómo es que las miles de decisiones sobre la base del consumo y de los individuos deben ser tomadas por estos mismos, y no delegadas a una autoridad por la vía de un "acuerdo".

Hayek explica el error de confiar en un sistema de planificación central, y cómo la idea de que el individuo debe valerse de sus propias armas para actuar en el mercado y, por eso mismo, hacerse propio cargo de sus triunfos y derrotas en él, son la mejor opción como idea de sociedad: un liberalismo extremo.

Es lo que explica el intelectual y columnista David Gallagher, que señala  que para Hayek "cada individuo posee sólo un ínfimo fragmento de conocimiento, que le es dado desde su limitado rol y su particular ubicación geográfica. Por definición, entonces, a ningún individuo le está dado el conocimiento en su totalidad. Sólo el mercado, a través de sus procesos de ensayo y error, es capaz de ir filtrando el conocimiento más relevante" (Gallagher, 2009).

Hayek postula que es imposible que una sola institución realice una completa escala valórica que involucre a la mayoría de los individuos de la sociedad. Según él, es "imposible la tarea del planificador central. O la de cualquier economista que, actuando como si la economía fuera una ciencia exacta, deposita un exceso de fe en sus modelos matemáticos. Éste es un iluso, porque no hay modelo capaz de captar todas las variables relevantes y, además, porque, entre éstas, las más importantes a veces ni siquiera son medibles" (Gallagher, 2009).

Según él, la idea del "acuerdo" y de una autoridad que distribuya y administre sobre la base del "bien común" sólo será útil para una minoría, que si bien puede llamarse de distintas maneras, parte de la base de que está formada por personas, que no pueden establecer una escala valórica más amplia que las que le dan sus posibilidades. Y estas posibilidades siempre serán menos que las de miles y millones de personas.

Además, dice Hayek, el acuerdo sólo "se limita a las esferas en que el 'acuerdo' existe".

"No es sólo que carezcamos de una escala de valores que lo abarque todo, es que sería imposible para una mente abarcar la infinita variedad de diversas necesidades de las diferentes personas que compiten por los recursos disponibles y asignar un peso definido a cada una", dice Hayek, quien complementa explicando que "la organización así formada [que será la que decidirá qué acuerdo tomar] no deja de ser una "persona" entre otras; en el caso del Estado, mucho más poderosa que cualquier otra, cierto es, pero también con su esfera separada y limitada, sólo dentro de la cual son supremos sus fines".

Es por esto que para Hayek son tan peligrosos los sistemas que proponen la planificación central. Incluso las democracias pueden ir hacia la dictadura, decidiendo, planificando y redistribuyendo, sin que las personas puedan por si mismas decidir.

En ese sentido, el pensar en planificar (desde la economía o a la misma economía) lleva al régimen a ser totalitario (a pesar de ser concevido como democrático), pues quita la capacidad del individuo de competir por su propio bienestar, en pos de un bienestar de "acuerdo" denominado "bien común". Un bien común que no es el óptimo individual.

Así, e igualando el pensamiento de Hayek en el ámbito de la planificación con su teoría monetaria, es que la planificación surge como tal a raíz de una serie de reglas fijas, que producen certidumbre y, por lo tanto, limitan la libertad.

Por eso, no pocos dudan en decir que esta autoridad dictatorial no sólo limitaba la libertad, sino que llevaba a la economía a la crisis. Desde su punto de vista, las autoridades son las que favorecen el ciclo económico, y principalmente –a través de las tasas de interés principalmente– hacen que las burbujas crezcan y que las crisis sobrevengan, irremediablemente.

 Por esto, Hayek cree que el definir todo y, más aún la economía, por medio de peritos técnicos y legislación que lleva hacia la certidumbre no sólo limita la libertad –pues no piensa en la necesidad individual sino que en el "acuerdo–, también establece una parcialidad, pues sobre la base de la ley la autoridad deberá elegir una opción que tomar, y al tomarla pasará a ser parcial.

Esta parcialidad, dice Hayek, hace que la autoridad se vuelva dictatorial.

"El precio de la democracia es que la posibilidad de una control explícito se hallan restringidas a los campos en que existe un verdadero acuerdo y en que en algunos campos las cosas tienen que abandonarse a su suerte. Pero en una sociedad cuyo funcionamiento está sujeto a la planificación central, este control no puede quedar a merced de la existencia de una mayoría dispuesta a dar su conformidad", dice Hayek.

Por eso es que Hayek propone la idea del "Estado Mínimo", en donde la autoridad sea cada vez más pequeña, dejando todo en manos de los privados y aborreciendo las intervenciones sociales. Este estado mínimo sólo debería operar en las funciones donde cuyo ejercicio por parte del Estado logre prácticamente la unanimidad de sus ciudadanos.

Por eso, la decisión individual es lo que, según Hayek, es más relevante. Esto plantea una fuerte  diferencia con John Maynard Keynes, y una gran similitud con Adam Smith. Sin embargo, el mismo Hayek plantea una diferencia con el padre de la "mano invisible": "La cuestión de si el Estado debe o no debe 'actuar' o 'interferir' plantea una alternativa completamente falsa, y la expresión laissez-faire describe de manera muy ambigua y equivoca los principios sobre los que se basa una política liberal".

Lo importante, dice Hayek, "es si el individuo puede prever la acción del Estado y utilizar este conocimiento como un dato al establecer sus propios planes, lo que supone que el Estado no puede controlar el uso que se hace de sus instrumentos y que el individuo sabe con exactitud has dónde estará sorprendido contra la interferencia de los demás, o si el Estado está en situación de de frustrar los esfuerzos individuales".

Entonces, ese estado, que no necesariamente debe desaparecer, en su campo de acción debe proporcionar certidumbre, transparencia e información. Hacia allá apunta la mayoría de su pensamiento, que también quedó plasmado en Chile, un país donde las ideas de la Sociedad Mont Pelerin, que fundó junto a Ludwig Erhard, Jacques Rueff, Ludwig von Mises, Milton Friedman y Karl Popper, entre otros.

 

 Referencias

Gallagher, D. (13 de Marzo de 2009). Hayek y la venganza del Mercado. El Mercurio , pág. A3.

Hayek, F. (2007). Camino de Servidumbre (2007 ed.). Madrid: Anaya.

Mouffe, E. L. (1987). Hegemonía y radicalización de la democracia. En Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la Democracia. (págs. 167-217). Madrid: Siglo XXI Editores.

 


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